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Los estudios no te aseguran el futuro

Tenemos una falsa creencia de que podemos controlar nuestro futuro. No es culpa nuestra, la sociedad lleva 20 años diciéndonos que si sacamos buenas notas, aprendemos idiomas y estudiamos una carrera y un sin fin de masters, dominaremos el mundo laboral y viviremos una vida ociosa. Pero la verdad es que los estudios no te aseguran el futuro.

Quizás esta alternativa era válida en los años 80. El mundo iba de salida de una etapa industrial y poca gente tenía acceso a los estudios superiores. Por lo tanto, los pocos privilegiados que podían estudiar una carrera universitaria, acabaron dominando los puestos más altos del mundo corporativo. No por nada en especial, ni por ser mejores profesionales, si no porque había muy pocos que contaban con una acreditación para ello.

Hoy las cosas son muy distintas. Solo en 2019 en España han habido más de un millón y medio de personas matriculadas en la universidad. Eso quiere decir que el 3,3% de la población española está estudiando. Si a ello le sumamos que la población de entre 18 y 25 años es de 717.206 personas, y que el 60.2% de la población adulta tiene estudios superiores,nos encontramos ante un escenario competitivo en el mundo laboral cualificado bastante malo. Pues, la demanda de trabajo cualificado, no puede ser satisfecha por la ingente cantidad de oferta. Es matemáticamente imposible.

La frustración de la generación millenial y las que vienen por detrás año tras año va en aumento. Culpamos al gobierno, a la sociedad, al sistema educativo, pero la realidad es que no somos capaces de mirarnos al espejo y criticarnos a nosotros mismos. El problema es que tenemos una actitud indefinida ante el futuro, puesto que muchos no tienen un plan concreto, solo un billete de lotería en forma de título universitario que cuesta 4 años y una buena cantidad de pasta obtener.

Las carreras universitarias son indefinidas en si mismas. Hemos caído en la falsa creencia de que los estudios nos otorgan un derecho supremo al trabajo y no es así. Por no hablar de la acumulación indecente de cursos, acreditaciones y masters que cursamos para tener “más opciones”. Al final, nos pasamos una década preparando un currículum de una diversidad desconcertante para luchar contra un futuro completamente desconocido. Somos una generación, platónica, solo sabemos que no sabemos nada.

El error es de planteamiento. Todos tenemos una ventaja injusta, un mejor físico, una inteligencia superior, una capacidad creativa más desarrollada o una capacidad de relaciones personales abrumadora. Pero no somos capaces de potenciar esa ventaja y nos rendimos al seguimiento del rebaño por que es “lo correcto” y acabamos en la cruzada universitaria estudiando de mucho y ejecutando de poco. Y al final la rentabilidad de esta gran inversión en estudios, es nula o incluso negativa. Si hiciéramos lo contrario no tendríamos que competir con nadie, porque es muy difícil encontrarte con una persona con tus mismas capacidades en un entorno cercano.

Al final el éxito es una combinación de ventaja y suerte. La vida no es un juego justo donde todos tenemos las mismas posibilidades, pues todos tenemos fortalezas, debilidades y circunstancias distintas. Y todo ello tiene que ser aprovechado. Toma más acción, haz más cosas, conoce más gente, crea, pide feedback y pon todas tus acciones en el mundo que te rodea. Cuanto más tomes acción, mas oportunidades tendrás.

Deberíamos ser personas más definidas, hacernos un auto-análisis y descubrir quiénes somos realmente o quiénes queremos ser en función de nuestras capacidades. Al final una persona definida con un objetivo vital, determina aquello que puede hacer mejor y lo hace. Punto, no hay más. Tenemos que trabajar y esforzarnos por ser grandes en algo, no unos mediocres del todo. Porque al final, los estudios no te aseguran el futuro.

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