Lo que te han contado es mentira, emprender es un puto infierno.
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La realidad que esconde trabajar en un banco

Trabajar en un banco. Un sueño para cualquier estudiante de ADE, Económicas, Derecho… Un horario de funcionario y tiempo libre por las tardes para seguir creciendo o simplemente disfrutar de la vida. Un sueldo de la parra y beneficios en préstamos, hipotecas y demás productos. Un trabajo que hará que tu madre presuma de su hijo ¿Sabes qué te digo? Que una mierda.

Muchos habrán vivido esta historia. Todavía recuerdo el día del proceso de selección. Un despacho con treinta mocosos de veintipocos años, con sus recién estrenados títulos debajo del brazo. Todos, intentando destacar en un debate absurdo sobre la innovación y la sostenibilidad en una entidad bancaria. Cuando ni siquiera los más altos estratos de ese y de ningún otro banco tienen la más mínima idea de lo que significan esos términos. Ni tampoco cómo aplicarlos. A pesar de que llenan sus discursos de resultados anuales con esas y otras palabras como por ejemplo blockchain. ¿De verdad alguien se cree este discurso barato?

En fin, después de unos días me llaman, y ¡Sorpresa! me han cogido. Y sí, os voy a decir cuánta pasta me ofrecieron, nada más y nada menos que 27.000 euros (brutos) al año, por 40 horas semanales en una oficina de un barrio más que elitista de Barcelona. Imagínate lo que es eso para un crío de veintitrés años con un título universitario que todavía está recién salido de la impresora. Un mundo. De todas maneras, tengo entendido que después de unos años las cosas han cambiado y que ahora se paga incluso menos. Bastante menos. Pero eso es otra historia.

¡Ah, se me olvidaba! El sueldo iba en 18 pagas y media, es decir tenías un salario normalito, de unos 1.200 euros (que no está mal) y por el transcurso del tiempo se te iba prorrateando el importe. Es decir, el primer año no ibas a ver los 27.000. Primera trampa. Pero de esto me enteré cuando ya era tarde.

Llega el primer día, traje recién salido de la tintorería, zapatos limpios, corbata recta, me esperan en la Delegación Territorial. Entras por la puerta y parece Wall Street, trabajadores con varias pantallas, los teléfonos sonando sin parar, buenos trajes, rolex, solo son más impresionantes tus ganas de empezar ante tanta opulencia. Mi primera reunión fue nada más y nada menos que con el Director Territorial. Un tío nada simpático que solo te habla de lo duro que es el trabajo y que espera que estés preparado. Entendible, en estos ambientes ya vas predispuesto a lidiar con el estrés. Un apretón de manos, y taxi (pagado por el banco) a la oficina acompañado de la responsable de recursos humanos.

Una vez en la oficina te presentan a todo el mundo. Normalmente en una oficina pequeña de barrio suele haber la siguiente jerarquía: un director de oficina, un subdirector o interventor, un comercial de productos premium para clientes de cierta categoría (con pasta) y uno o dos pringadillos como tú, los cajeros/gestores comerciales/comemierda (luego verás por qué).

El primer día todo son risas y sonrisas, la puta casa de la pradera, te explican como funciona el tinglado, el CRM interno, y empiezas a atender a los primeros clientes. Básicamente se trata de actualizar un par de libretas, recibir ingresos y rellenar el cajero. He de decir que la primera vez que rellenas el cajero impone bastante el hecho de tener treinta o cuarenta mil euros en la mano. Pero, al final, acabas viendo el dinero como si fuera del monopoly y le restas importancia.

Entonces es cuando llegan las tres de la tarde y te dicen: Bueno, hoy te puedes ir a casa. Y tu piensas ¿hoy? pero si mi horario es de ocho de la mañana a tres de la tarde. Pues no colega, al día siguiente descubrí que a partir de las tres de la tarde, tienes media hora para comer y que como mínimo hasta las siete u ocho de la tarde no sales. ¿Por qué? Nunca lo entenderé. Segunda trampa.

El segundo día se pone más interesante todavía. Antes de abrir la oficina en todos los bancos se suele hacer una reunión de equipo sobre las 8 de la mañana, yo la llamaba la hora feliz. En resumen nos metíamos todos los empleados en el despacho del director de la oficina y uno a uno y delante de todos los demás recibes una bronca descomunal porque no has vendido los suficientes productos basura a los clientes según los estándares del banco. Los cuales normalmente son IM-PO-SI-BLES ,pero como tu sueldo no tiene variable, te acaba dando igual y aguantas la chapa.

Por esto, todos los problemas derivados de engaños, venta fraudulenta de productos bancarios e ilegalidades ejecutadas por los bancos, no son culpa del pobre empleado de la oficina, los verdaderos artífices son toda esa lacra de directores que amenazan con despedirte si no vendes su mierda, y tú tienes que comer.

Una vez acabada esta party, al ser el segundo día mi Director me entrega un tocho de unas mil páginas sobre los productos del banco, algo así como una formación en productos bancarios y me dijo que cada día por la tarde tocaríamos un tema para así poder formarme. Nunca pasó. A la semana le pregunté sobre estas “clases” y me dijo que era mi responsabilidad conocer los productos del banco y que me lo leyera en mi casa cuando saliera de la oficina. Te podrás imaginar lo que hice con el manual. Tercera trampa.

Dentro de todo este infierno siempre recordaré el primer día que me tocó vender algo. Fue el día que llegaron mis tarjetas personales. Mi director me llamó a su despacho, me las entregó con una sonrisa y me dijo, cito textualmente: “Ahora te vas a la calle, y entras en todos los negocios que veas y les tienes que vender el datáfono del banco. El mundo es tuyo” El mundo es tuyo me dijo, salir a vender DATAFONOS, te juro que nunca entenderé esta lógica comercial. ¿No sería más interesante crear una relación con el cliente y luego ya venderle toda la mierda que tiene el banco?

En fin, por estas cosas entiendo que cada año veamos quiebras y fusiones bancarias en todo el mundo. Pero bueno, ahora es mucho peor. Ahora en vez de productos bancarios vendes televisores, tablets y móviles. Que bien deben sentirse ahora los empleados de banca, cuatro años estudiando una carrera para trabajar en el mediamarkt de los bancos.

Al final el trabajo de oficina se acabó convirtiendo en una sucesión de días de mierda en las que minaban tu autoestima y te hacían sentir un inútil, haciéndote pensar que nunca hacías nada bien. Siempre la culpa era del empleado. Pero un mes más tarde entendí por qué.

Una tarde cualquiera acompañé a mi Director a una reunión de directores de oficina sobre la venta de seguros vinculados a productos bancarios. En resumen los bancos suelen recibir partidas millonarias por adelantado de las compañías aseguradoras a cambio de la venta de sus seguros.

El problema es que como el banco ya ha recibido el dinero, sí o sí tienes que vender seguros para cubrir esa deuda que tiene el banco con la aseguradora antes de obtener beneficios. ¿Sabes cuál es el problema? Que no se llega al objetivo nunca. Esa reunión en específico era una bronca conjunta a todos los directores de oficina por parte del Director Comercial Territorial en la que, además, a los directores con peores resultados se los exponía públicamente ante el resto de semejantes como unos apestados. Entonces entendí como funciona la jerarquía en las entidades financieras.

El que está más arriba de la pirámide echa una bronca tremenda al que tiene por debajo, y así sucesivamente hasta llegar a ti, el comemierda más grande del banco, simplemente por el hecho de que estás en el escalón más bajo y acabas comiéndote toda la mierda que ha ido corriendo por las cloacas del banco hasta llegar a ti. Tú, pobre desgraciado, que actualizas libretas a jubilados.

Y por no hablar de las sesiones de coaching que te hacen los de recursos humanos cuando ven que estás a punto de explotar y enviarlos a tomar por el culo. Lo más curioso es que lo único que te dicen es yo hice esto, yo lo otro, yo-yo-yo-yo. Y tu de mientras estás al borde de un puto ataque de ansiedad, a puntito de tirarle la mesa por encima. En definitiva, no servían para nada.

Yo abandoné, creo que es de las pocas veces que me he rendido en algo en mi vida, entendí que no tenía ningun futuro formando parte de un rebaño de personas a las que se las trata a patadas tanto por sus jefes como por sus clientes. Mi crecimiento personal estaba por encima de las creencias obsoletas sobre lo bueno e importante que te hace trabajar en un banco. De hecho mi madre me dejó de hablar una semana cuando le dije que había dimitido. Pero no me importó, y encima me llevé un dinerito por no hablar mal del banco. Ahora el banco ha quebrado y ya no existe y por ello he compartido mi experiencia contigo.

No trabajes en un banco.

PD: Si has llegado hasta aquí, no trates mal a tu gestor de banca, te aseguro que esa persona está más puteada que tú.

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